El excentral brasileño, que pasó por el Inter y el Atlético: «Simeone transmitía hambre y garra, Mancini era un caballero, a De Boer no se le entendió. Luciano, en cambio, vivía con el terror de que hablaran mal de él, no le gustan quienes tienen opiniones diferentes a las suyas. Tuvimos nuestras diferencias sobre cuestiones de juego y desde entonces…»
João Miranda superó todas las expectativas. A los 10 años, mientras su madre se secaba las lágrimas en el funeral de su primer hijo, João llamó su atención. «Te prometo que seré futbolista. Honraré la memoria de mi hermano». Promesa cumplida. Miranda ha sido uno de los centrales más sólidos de su generación, campeón de la Europa League en 2012 con el Atlético y finalista de la Champions en 2014, cuando el «cabezazo» de Sergio Ramos le arrebató de las manos una copa que ya tenía ganada. «En las jugadas a balón parado éramos los mejores. Él marcó precisamente de cabeza, en el minuto 93…». Miranda, de 41 años, responde desde São Paulo para contarnos su Atlético-Inter. Cuatro años en Madrid con cinco trofeos, otros tantos en Milán, pero sin ganar ninguno. «Otro gran pesar».
Miranda, ¿sigue viviendo del fútbol?
«Por supuesto, pero sin nostalgia. Me retiré a los 38 años sin remordimientos. Gané con el São Paulo, con el Atlético y fui capitán de Brasil en el Mundial de 2018. Me gustaría probar a ser agente. Por lo demás, sigo a mis hijos: los dos juegan al fútbol. El mayor, João Vitor, está en Eslovaquia. Y juega de central, como su padre» .
¿Qué pareja formaban Miranda y Godín?
«Inigualable. Seré sincero: en aquella época no había nadie como nosotros. Ni siquiera Ramos y Varane en el Real Madrid o la BBC de la Juve. Individualmente quizá sí, pero juntos éramos muy fuertes. Fuimos los primeros soldados de Simeone, y a mí también me hace gracia que me definan así…».
¿Por qué?
«Si no hubiera sido futbolista, me habría alistado en el ejército. Con nosotros atrás, de todos modos, nadie pasaba».
¿Cómo llegó a Madrid?
«Era titular en un San Paolo que encajaba pocos goles. También me habían buscado el Lazio y el Milan, pero el Atlético se presentó con un proyecto y firmé seis meses antes».
¿Cómo era el primer Simeone?
«Tal y como lo ven ahora. Alguien que nos reunía en el centro del campo con sus discursos: “Si eres el mejor sobre el terreno de juego, no me importa si perdéis”. Aunque cuando salíamos derrotados era un drama. Era como si hubiéramos despedido a un familiar en un funeral. Nos transmitió hambre y garra».
¿Un resumen de su forma de ser?
«Recuerdo su forma de estar en el banquillo: siempre vestido de negro, lleno de adrenalina, apasionado. En el campo es una persona, fuera es otra. Cuando nos lo encontrábamos por Madrid, quizá cenando, nos abrazaba y bromeaba con todos, pero durante el entrenamiento nos machacaba. Una hora y media de intensidad. Y tenías que dar el 100 %, si no, te comía».

¿Es más fuerte su Atlético o el de hoy?
«Desde un punto de vista técnico, el de hoy. Nosotros construimos aquel Atlético. Yo, Godín, Courtois, Juanfran, Falcao, Diego Costa. El de hoy va incluso más allá del concepto de garra y hambre de victoria. Me gusta Raspadori, por ejemplo: un jugador tan técnico puede aportar algo al ataque. Podría ser el arma secreta de Simeone hoy».
El Cholo siempre ha tenido la fama de «catenacciaro». Usted, como defensa y pilar de su Atlético, ¿qué le parece responder a eso?
«Que hay que ir más allá y fijarse en los partidos. Nos han dicho de todo a lo largo de los años. Pero lo que cuenta son los cinco trofeos que ganamos juntos, desde la Liga hasta la Europa League».
Hablemos ahora del Inter.
«Nada más llegar, en 2015, uno de los ayudantes de Mancini me dijo que tenía que mejorar mucho en defensa. Me quedé un poco desconcertado, al fin y al cabo había hecho algo… pero tenía razón. La Serie A me ha completado».
En 2018 dijo: «Soy el mejor defensa de la Serie A». ¿Lo confirma?
«Por supuesto, lo era. Mi trayectoria habla por mí».
¿Jugaría tanto en el Inter como en el Atlético actual?
«Sí. El mejor Miranda sería titular en ambos clubes. Los nerazzurri tienen tres centrales muy fuertes, pero mi favorito es Bastoni: rápido, técnico. Se parece a mí».
¿Podría haber aportado más al Inter?
«Depende del punto de vista, pero en general creo que sí. Con Mancini, De Boer y Pioli era titular, luego llegó Spalletti. Alguien que infundió miedo».
¿En qué sentido, miedo?
«Como entrenador, nada que decir: un ganador. Devolvió al Inter a la Champions y sentó las bases para el futuro, pero como persona… mejor no hablar. El peor entrenador que he tenido en Italia en ese sentido. Mancini fue un caballero, a De Boer no se le entendió. Pero Spalletti vivía con el terror de que alguien hablara mal de él. Si se fija, son pocos los futbolistas que han tenido una buena relación con él».

¿En qué no se ponían de acuerdo?
«Discutimos por cuestiones relacionadas con el campo. No le gusta quien se le opone y tiene opiniones diferentes. Tras esa discusión, que tuvo lugar en mi último año en el Inter, empecé a jugar cada vez menos. Me alineaba una vez sí y otra no. Así es difícil ponerse en forma, sobre todo si solo juegas los partidos importantes».
En 2019 le quitó la capitanía a Icardi. También por culpa de las declaraciones de Wanda.
«Cosas personales. Él es así: no creo que piense totalmente en el equipo. Cuando te pone en el punto de mira, se acabó. De todos modos, a pesar de lo que decía Wanda, Mauro siempre se comportó de manera profesional con nosotros. Y cómo marcaba…».
¿Qué es lo que más lamenta de su etapa en el Inter?
«No haber ganado ningún título».
¿Algún comentario sobre Lautaro? Se cruzó con él en su último año en el Nerazzurro, antes de regresar a Brasil.
«Uno de los cinco mejores delanteros del mundo. Tiene fuerza, técnica y calidad. Puede marcar en cualquier momento».
¿Cómo terminará el Atlético-Inter?
«Diría que en empate. Siento un poco más de cariño por el Atlético, pero en Italia lo pasé de maravilla. Cuatro años mágicos».