El argentino sella la victoria y responde al triunfo del Milan de ayer. A la espera de que la Roma y el Nápoles jueguen esta noche en el Olímpico, los nerazzurri están ahora a un punto del primer puesto

Se puede decir que fue el zurdazo de Pio, pero también las ganas, el hambre y la astucia a la hora de recuperar el balón en un saque de banda con el primer toque y pasárselo al delantero con el dorsal 10. Del resto se encargó el capitán Lautaro, que tras derribar al «Fort Pisa» con un zurdazo al ángulo recibió el abrazo de la grada y remató con un doblete. El Inter endosa dos goles a los chicos de Gilardino —que se mantuvieron en el partido durante setenta minutos, con la cabeza alta— y vuelve a ganar tras dos derrotas consecutivas. No ha sido una actuación de un 8, pero sí sólida y astuta. Útil para ahuyentar esos fantasmas que habían vuelto a revolotear con descaro.

LOS GOLES: DOBLE DE LAUTARO – El primer gol se lo lleva Esposito, recién salido del banquillo. El internacional italiano, al acecho como un halcón cerca de la línea de banda, se abalanzó sobre el Pisa durante el saque de banda y le quitó el balón a Aebischer. Zielinski lo recuperó y se lo pasó a Pio por la izquierda, quien encontró a Lautaro en el centro. Su gol fue una obra maestra: un disparo con la izquierda al ángulo (69′). En el segundo gol, parte del mérito recae en Diouf. El francés inició la jugada pasando el balón a Barella, quien supo darle a Lautaro la asistencia más fácil (83′). Décimo gol de la temporada, el sexto en la Serie A. A día de hoy es el máximo goleador del campeonato.

LA CLAVE: LA PRESIÓN – No fue un Inter brillante. Durante una vez y media, los chicos de Chivu tuvieron dificultades para desmontar la línea de cinco de Gila (una construcción de tres más otros dos, una defensa blindada con Albiol, Caracciolo y Canestrelli). Luis Henrique, alineado como titular y a domicilio, tal y como prefiere Chivu, falló en enésimo partido desde el primer minuto. Uno se pregunta por qué no se enfrenta al rival, no regatea y siempre pasa el balón hacia atrás. En el minuto 20, por ejemplo, inició la jugada del Pisa al fallar un pase sencillo. Tampoco estuvo muy acertado Acerbi, que tuvo dificultades ante los delanteros del Pisa, y, por último, Sucic, sustituido al final de la primera parte. El Inter levantó cabeza con Zielinski. También estuvo bien Diouf, que entró en la segunda parte. Tras dos partidos discretos, el francés incluso le sirvió un buen pase a Lautaro tras una internada por la derecha (el poste le negó el tercer gol).

EL CORAZÓN DEL PISA – En Pisa hay tres torres. El juego de Gilardino es sencillo: el pase es largo y siempre va dirigido a los dos delanteros, Nzola y Meister, preparados para recibir golpes, aguantar el balón y distribuirlo por las bandas, escapándose también a toda velocidad. De hecho, Acerbi, su marcador asignado, se vio en apuros en un par de ocasiones, llegando incluso a recibir una tarjeta amarilla en la primera parte. A la media hora, Piccinini, tras un pase de cabeza de Traoré, aprovechó un pequeño hueco que dejó entreabierto el central azul para colarse sin pedir permiso: su disparo con la derecha se fue fuera por muy poco. El Pisa, animado por una racha de seis partidos sin conocer la derrota —tres de ellos sin encajar ningún gol—, intentó blindar la Arena como si fuera Fort Knox. El ariete tardó 70 minutos en derribar la verja. El jugador más peligroso de Gila fue el número 9. Meister, alguien que hasta hace tres años jugaba en la cuarta división danesa, se impuso a un Acerbi obligado a hacer horas extras: en el minuto 50 salvó al Inter adelantándose a Meister, y luego le dio las gracias a Nzola por haber disparado fuera ante Sommer. Bueno desmarcándose, pero no rematando.

DESDE LOS BALCONES – El Arena Garibaldi es uno de esos lugares que podrían incluirse en la categoría de «fútbol auténtico». Enclavado entre los edificios, a setecientos metros de la Piazza dei Miracoli y de la famosa Torre, ofrece a quienes viven junto al estadio la posibilidad de ver el partido desde el balcón o desde la azotea. Como en Castellammare di Stabia o en otros rincones repartidos por toda Italia. Hoy han visto a un campeón del mundo —Lautaro— marcar dos goles. Pero también a un Pisa valiente. No está mal.

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