El centrocampista es un pilar que hay que recuperar. El entrenador ya lo ha conseguido con Dimarco. Este año solo ha marcado un gol y ha dado cinco asistencias

Nicolò Barella es un stakhanovista desde el primer momento. Alguien que llama la atención aunque no acabe en el marcador con un gol o un remate de derecha, su especialidad desde sus tiempos en Cagliari, cuando pateaba con los pies una pelota de baloncesto para que su familia entendiera cuál era su destino. Es alguien de quien se habla en los bares, en las gradas o en los periódicos, porque en la lista de «los mejores centrocampistas azules y del mundo» siempre aparece su nombre, al menos en Italia. Sin embargo, salvo algunas excepciones, no está jugando a su nivel.

El Barella de la temporada 2025-26, en cifras, es más o menos el mismo jugador. Quizás incluso mejor en algunos aspectos: segundo en la Serie A en pases clave por detrás de Dimarco (23), segundo en pases filtrantes (29) y primero en pases en profundidad (69). El manifiesto de la verticalidad. El concepto sobre el que Chivu ha construido un Inter orientado al ataque, fluido y con el mejor ataque de la liga con 64 goles. Barella es segundo en ocasiones creadas, solo por detrás de Dimarco (14), y su promedio de pases completados por partido también ha aumentado con respecto a temporadas anteriores. Como de costumbre, le faltan algunos goles más, el «pequeño defecto» que arrastra, pero lo compensa con los kilómetros recorridos por partido. Aquí Nicolò siempre está entre los primeros. Otro de sus puntos fuertes es la fiabilidad: este año solo se ha perdido cuatro partidos por lesión (Cremonese en la vuelta, Sassuolo, Torino en la Coppa Italia y Borussia Dortmund), dos por rotación y uno por sanción. Cinco asistencias y un gol, marcado contra el Cremonese (uno de sus mejores partidos). En un par de ocasiones también ha jugado como mediocampista defensivo, su antigua posición. En resumen, ¿qué es lo que le falta?

Las cifras de Barella en comparación con las últimas temporadas. Sofascore

Pase a Chivu—  Uno de los problemas es la concreción. En varias ocasiones, Barella ha sido protagonista de jugadas ambiciosas, sin sentido, entre aperturas por la banda y jugadas más arriesgadas de lo previsto. Las estadísticas son altas, pero la mayoría de las veces la acción no ha sido decisiva. Tomemos como ejemplo la liga. Este año ha jugado desde el minuto 1 en 22 de 25 ocasiones, pero Chivu solo lo ha mantenido en el campo durante los noventa minutos en nueve partidos. En siete de ellos lo sustituyó alrededor de la hora de juego, como por ejemplo en el derbi, una de sus peores actuaciones de la temporada, mientras que en otros prefirió sacarlo en los últimos 5 minutos en situaciones de ventaja. Lo mismo ocurre en la Champions, donde ha sido titular en siete de los nueve partidos. De Barella siempre se espera algo más. Así lo dicen su estatus y su currículum. En 2022-23 llegó a los nueve goles en una temporada, su mejor año, pero este año sigue con uno solo. Si terminara así, sería su peor marca (en 2023-24 terminó con dos en todas las competiciones). Chivu tiene la tarea de mejorar su suerte en este final de temporada. El ejemplo de Dimarco es esperanzador.

Leave a Reply