En los 15 encuentros entre Jannik y el español, el balance es claramente favorable a Carlos, pero de los 3152 puntos jugados, la diferencia es prácticamente nula

Como de costumbre, el más lúcido fue él: Jannik Sinner. Tras la derrota en la final contra Alcaraz en Nueva York, el tenista italiano analizó lo que había sucedido en el US Open y también indicó el camino a seguir para evitar que se repitiera no la derrota (eso forma parte del juego y hay que aceptarlo siempre, sobre todo si al otro lado de la red está el español), sino una sensación de inferioridad tan marcada. El set ganado fue más fruto de la casualidad y de la habitual actitud perfecta incluso en los días más negros: en cuanto Alcaraz dejó un hueco (la primera bola de break), Sinner lo convirtió en una brecha (arrebatándole el servicio a su rival) y luego en una puerta (ganando el set). Pero no hubo tiempo para ilusiones y estamos bastante convencidos de que ni siquiera Jannik, siempre muy atento a las sensaciones que le llegan desde la pista, pensó realmente que podía ganar. El decimoquinto enfrentamiento entre los dos dominadores del tenis mundial marcó, por tanto, un primer punto de inflexión: había habido muchos partidos bonitos e importantes, pero el de Nueva York llevó la rivalidad a un segundo nivel. No será el último: Nadal y Federer se han enfrentado 40 veces (24-16), Djokovic y Roger 50 veces (27-23) y Nole y Rafa 60 veces (31-29). Jannik y Carlos pueden acercarse a esas cifras o superarlas, pero a lo largo de su carrera habrá dos o tres momentos decisivos para el legado que dejarán. Como les ocurrió a ambos este verano: tras la derrota en Wimbledon, Alcaraz estudió durante dos semanas las estrategias necesarias para vencer a Sinner, y el italiano hará lo mismo tras la clara derrota en Nueva York.

En los primeros quince enfrentamientos se jugaron 3152 puntos: Alcaraz ganó 1579 y Sinner se quedó en 1573. Seis puntos de diferencia no son nada. Pero los puntos, al igual que los goles, deben sopesarse y no solo contarse. Y Jannik se ve obligado a realizar algunos cambios por el balance global de los encuentros: 10-5 para el español, incluso 7-1 en los últimos ocho enfrentamientos. Cincinnati no cuenta por el estado físico del italiano (aunque durante el torneo el español parecía más centrado) y en Roland Garros podría haber llegado una victoria, como lamentablemente recordamos bien. Pero el concepto básico sigue siendo el mismo: en los enfrentamientos directos hasta ahora, Carlos ha tenido algo más. Y, en consecuencia, Jannik trabajará en su tenis para reducir la diferencia, incluso a costa de perder algunos partidos contra rivales inferiores. El entrenamiento es fundamental y Simone Vagnozzi acompañará al jugador en esta evolución técnica y táctica. Pero solo el torneo dará las respuestas esperadas, porque la competición pone a prueba todos los aspectos, incluido el físico, en el que será necesario un mayor crecimiento: Alcaraz obliga a Sinner a elevar la intensidad al máximo nivel desde el primer hasta el último punto y los partidos son siempre muy agotadores. No esperemos revoluciones: sería absurdo. El tenis de Jannik está estructurado, es fruto de años de trabajo con el objetivo de aprovechar también sus cualidades oculares y biomecánicas. Se habla de cambio, pero sería más apropiado hablar de enriquecimiento. Por eso hay que destacar el aspecto táctico: Sinner puede entrenar mucho un golpe (el revés, la volea, el drop shot), pero si no está convencido de utilizarlo, es como si no lo tuviera en su bolsa de herramientas. A veces parecía que Jannik solo utilizaba las famosas variaciones en la fase de control. En cambio, habría que introducirlas más cuando las cosas no van tan bien. Como siempre, todo nace en la cabeza y, en ese sentido, sus palabras en las entrañas del Arthur Ashe Stadium nos tranquilizan.

¿En qué debe mejorar Sinner? Sinner es un chico que decide y sigue su camino: así fue cuando dejó a Piatti y eligió a Vagnozzi, cuando quiso a Cahill en su equipo, cuando dejó a Panichi y volvió a Ferrara tras algunas sensaciones poco positivas que había tenido en la pista entre Roma y París: a pesar de haber disputado dos finales consecutivas tras una larga pausa, tenía la sensación de que algo no iba bien. Ahora es el momento de intervenir en el juego y, sobre todo, en esos detalles que marcan la diferencia. El servicio, obviamente, es el ejemplo más fácil porque es el único golpe que prescinde del adversario: hay que aumentar los porcentajes y la eficacia (servir bien da confianza, no solo puntos), sobre todo «limpiar» el movimiento trabajando el giro (movimiento del brazo detrás de la espalda) y el lanzamiento de la pelota. Detalles que marcan la diferencia y que deben encajar en el juego habitual de Sinner, quien, por ejemplo, hace año y medio fue muy hábil a la hora de introducir diferentes trayectorias en sus intercambios desde el fondo. El objetivo final es vencer a Alcaraz, por supuesto. Pero el más importante, porque da sentido a cada sesión de entrenamiento, es la búsqueda constante de la mejora: Jannik quiere presentar una versión de sí mismo aún superior y diferente, y superar un poco más sus límites. No hay nada más gratificante en el deporte.

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