Kean y Retegui son titulares, pero el jugador del Inter está en plena forma y el seleccionador está decidido a alinearlo contra Irlanda del Norte
No es una oportunidad que llama a la puerta, sino más bien el detonador que puede derribarla. Pio Esposito regresa a la selección nacional con modales amables y un discurso cortés, pero también con las sólidas credenciales de un delantero imposible de ignorar: dos goles en los dos últimos partidos con el Inter, el último de ellos el domingo por la noche a pocos kilómetros del centro técnico de Coverciano, sumados a los tres en las cinco convocatorias con la Azzurra distribuidos diligentemente a lo largo del otoño, representan una tentación que Gattuso quiere tener en cuenta de cara a la semifinal de la repesca contra Irlanda del Norte (aquí nuestro análisis sobre Irlanda del Norte). En teoría, la pareja titular está formada por Kean y Retegui, quienes bajo la nueva dirección han marcado nueve goles durante la fase de clasificación mundial, ganándose el respeto y la confianza. En la práctica, el seleccionador ha quedado encantado con los progresos del joven del equipo, sobre todo por la continuidad de su rendimiento durante el partido, y estaría encantado de encontrarle un hueco en el equipo: el jueves en Bérgamo, donde en la liga le robó un balón a Lautaro para que este marcara, Pio jugará. Quizás no desde el principio, pero jugará.
Las jerarquías reclaman consideración, en un grupo sólido y cohesionado que, por otra parte, ha reservado una cálida acogida al último llegado: bastaba con ver la sucesión de elogios que llenaron de alegría a Esposito en los pasillos de Coverciano. Sin embargo, la actualidad es una urgencia de resultados que impone decisiones valientes. Y así, entre hoy y mañana, los probables titulares tendrán que esforzarse mucho para rechazar las genuinas pretensiones de un competidor creíble. Kean ya ha perdido el duelo directo en el estadio Franchi, durante el Fiorentina-Inter, porque, a diferencia del delantero rival, falló un gol que en sus mejores momentos nunca habría fallado. Acaba de regresar de una lesión y aún no parece estar en condiciones óptimas. Retegui, por su parte, ayer animado y alegre durante el entrenamiento de la tarde, tiene una pequeña incógnita que despejar: jugó por última vez el 13 de marzo, para luego abandonar Arabia Saudí y llegar a Florencia con bastante antelación. Durante una semana se ha entrenado solo, o mejor dicho, en compañía de un preparador físico de la FIGC, sin poder probar nunca un choque, un remate de cabeza o un disparo a puerta. Por último, el cuarto delantero, Scamacca, está lesionado y es casi seguro que no estará disponible en el campo más familiar para los jugadores del Atalanta: en las próximas horas decidirá, junto con el seleccionador Gattuso y el equipo médico, si permanece con el grupo para una posible final.

El ascenso— Por eso Esposito, que ayer por la tarde se relajó en Coverciano con sus compañeros del Inter y asistió al entrenamiento desde la banda, espera de verdad retomar el hilo donde lo dejó: el pasado 16 de noviembre, en la humillante velada de San Siro contra Noruega, fue el único italiano que nos hizo sentir orgullosos, además de ser el último en marcar un gol con la camiseta azul. En aquella ocasión fue titular junto a Retegui, llamando por primera vez la atención de los clubes de la Premier League, concretamente del Arsenal y del Newcastle. Piénsenlo: si se repitiera aunque fuera solo una vez antes del 28 de junio, subiría al podio de los grandes junto a Giuseppe Meazza y Gianni Rivera, los únicos en la historia capaces de superar la marca de tres goles con la selección antes de cumplir los 21 años; y si marca contra Irlanda del Norte, se convertirá en el primero en lograrlo en tres partidos consecutivos, siempre en la categoría sub-21. Si nos atenemos a la percepción general, Pio es un kit de primeros auxilios goleadores al que recurrir en caso de necesidad: agitar antes de usar. Si nos atenemos a las impresiones subjetivas, él siente algo positivo en su interior al recordar la parada de De Gea que el domingo le negó, en el tiempo de descuento, su primer doblete en la Serie A y el gol que quizá habría entregado el título de liga al Inter. «Estoy un poco decepcionado —comentó Esposito en las entrevistas— porque quizá podría haber rematado mejor. Ahora no consigo proyectarme demasiado lejos con la imaginación, pero quizá el balón entre el jueves…». El sueño mundialista pasa también por la carrera desenfrenada de un muchacho de mirada dulce que en 2006, cuando Gattuso paseaba la Copa, acababa de aprender a andar.