El holandés ha disputado hasta ahora 110 minutos repartidos en seis partidos, demasiado pocos para estar satisfecho. Y la relación con Conte está por construir.
Es fácil imaginar la frustración de Noa Lang. Consideraba el Nápoles como un paso adelante en su carrera, pero está resultando ser una experiencia poco satisfactoria. Su tiempo de juego es muy escaso, ha disputado 110 minutos repartidos en seis partidos, cuatro en la liga y dos en la Liga de Campeones. Ayer, Conte le reservó 32 minutos contra el PSV, su antiguo equipo, y hasta ahora es su presencia más consistente desde el comienzo de la temporada. El 6-2 con el que los holandeses arrollaron a los azules aumentó el descontento del extremo. «Todo futbolista quiere jugar. No sé qué más hacer. Es mejor no decir nada. He firmado un contrato aquí y tengo que aceptarlo tal y como es. No tengo otra opción», explicó a algunos medios locales al final del partido, como si se sintiera atrapado.
Está claro que la relación con el entrenador aún está por construir. La decisión de Conte de sacrificar una alineación con dos extremos para dar espacio a los cuatro centrocampistas ha limitado mucho el espacio para Lang, al igual que para Neres. Por lo tanto, no es de extrañar que no haya mucha comunicación entre el técnico y el holandés: «Hablé con él una vez, pero ahora el partido es más importante. Lo que hemos hecho ha sido escandaloso. Simplemente nos han superado».