El técnico tiene ganas de revancha y parece dispuesto a aceptar el reto de relanzar a los bianconeri. La oferta prevé un contrato hasta junio y su renovación en caso de clasificarse para la Champions

Ahora que Igor Tudor ya no es el entrenador de la Juventus, solo queda esperar al final del partido para conocer el nombre de su sucesor. Un reto, curiosamente, aún abierto —resulta extraño que un club como el bianconero no haya anunciado al sucesor en los mismos minutos en que comunicó el cese— y que está destinado a resolverse en unas pocas horas. Mañana por la noche, en el Stadium contra el Udinese, el timonel de la Juventus será Massimo Brambilla, de la cantera Next Gen del club. A partir del jueves, en la Continassa, la dirección técnica del club estará en nuevas manos: Luciano Spalletti es el favorito de la directiva. El técnico de Certaldo tiene un gran, grandísimo deseo de volver a ser protagonista a su manera: borrar la tarde del 29 de junio de hace un año —el cero absoluto de su selección italiana en Berlín ante Suiza en los octavos de final de una Eurocopa desastrosa— y retomar un camino que, en cualquier caso, está lleno de buenas noticias y hazañas.

Spalletti ya ha hablado con la Juve y, esta mañana, se reunirá en persona con el próximo director general bianconero, Damien Comolli: si entre ambos no se produce un desentendido irremediable a nivel de empatía, el acuerdo podría dar lugar al «humo blanco». El exseleccionador de la Azzurra ha rechazado ofertas de Turquía y Arabia Saudí —no es el momento, para él, de marcharse al extranjero—, pero el interés de la Juve le ha devuelto la adrenalina de antaño: por eso, el técnico toscano no se opondrá a un posible contrato hasta el final de la temporada con renovación automática de uno o dos años en caso de quedar entre los cuatro primeros. Spalletti, desde su perspectiva de observador externo, se ha convencido de la calidad de la plantilla bianconera porque ha comprendido que el potencial del equipo puede ser aún mayor: a lo largo de su carrera, Luciano ha pasado por todo tipo de sistemas y dificultades, una variable que le hace apreciar la versatilidad de varios de los jugadores de la Continassa. Volver a ponerse en juego y hacerlo con la misión de dar sentido a una de las revoluciones más sugerentes del panorama actual es, para Spalletti, el reto que busca, ya que quedarse al margen no hace más que echar sal en las heridas de la selección italiana. «El veneno me lo inyecto yo mismo… he decepcionado a los italianos, pero, ahora, he cambiado», repite un hombre que, al frente de la selección nacional, habría querido conquistar el mundo.

Igor Tudor. Lapresse

los demás—  Igor Tudor se marcha una mañana de finales de octubre por culpa suya y por responsabilidad ajena: no haberle dado el apoyo de una presencia o una voz en el momento más delicado lo ha dejado solo y a merced de los cuatro vientos. La Juve, desde ayer, añade a su balance el peso económico de un nuevo entrenador y un nuevo cuerpo técnico, tal y como hizo el pasado mes de marzo, cuando se despidió a Thiago Motta y a su equipo. Y la Juve añadirá, quizá ya hoy mismo, la carga económica de un nuevo contrato para el banquillo en un futuro inmediato: la ampliación de capital que se avecina servirá también para ello. Luciano Spalletti parte en la pole position; detrás de él, la parrilla de salida se reduce a una sola fila: Raffaele Palladino y, más rezagado, Roberto Mancini intentan calentar motores. El exentrenador del Monza y de la Fiorentina figura en la lista del director deportivo de la Continassa, François Modesto: Palladino supondría una apuesta de bajo coste, pero precisamente por eso algo muy arriesgado en un momento en el que volver a equivocarse de elección sería imperdonable. Modesto y Palladino compartieron experiencia en Brianza y al directivo bianconero no le desagradaría volver a trabajar codo con codo con él. Más allá de Spalletti está Palladino, y más allá de Palladino está Mancini: el seleccionador del triunfo en Wembley en la Eurocopa de 2021 se sumaría al proyecto de la Juve sin dudarlo, pero el club no ha ido más allá de algunas consultas en las últimas horas.

Massimo Brambilla, entrenador interino de la Juve. Ansa

Champions—  La partida tras la marcha de Tudor ha comenzado y terminará pronto, muy pronto: la aceleración en el camino hacia la destitución de Igor se debe a un calendario que no da tregua y que prevé, el próximo martes, el cuarto partido de la fase de grupos de la Liga de Campeones contra el Sporting de Lisboa en el Stadium, un encuentro que no se puede fallar para no comprometer el camino en Europa tras los dos puntos conseguidos en tres partidos hasta ahora. Tudor abandona el escenario al amanecer de la noche romana: una derrota, la sufrida ante la Lazio, fruto de la enésima distracción táctica e individual. «Yo nunca doy pasos atrás, solo hacia adelante», fueron las últimas palabras del croata. El paso atrás es estrepitoso, la crisis de la Juve evidente: Spalletti está listo para cargar sobre sus hombros una realidad por descubrir. Luciano, de Certaldo, ocupa el primer puesto en las consideraciones de Comolli y su entorno: la luz verde para entablar conversaciones ha llegado directamente desde arriba, de John Elkann. Se espera el anuncio oficial hoy, como muy tarde mañana: el exseleccionador de la decepcionante y última Eurocopa está impulsado por el deseo de revancha frente a un mundo que lo ha puesto en crisis.

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